Secuencias de los acontecimientos durante la muerte

 

“Creo que lo mejor que puedo hacer, a fin de esclarecer más este tópico, es describir la secuencia de los acontecimientos que suceden en el lecho mortuorio…

 

1. La orden del alma de retirarse a su propio plano, e inmediatamente se produce un proceso interno y se evoca una reacción interna en el hombre, en el plano físico:

 

a. Tienen lugar ciertos sucesos fisiológicos donde se halla asentada la enfermedad, vinculados con el corazón, afectando también a los tres grandes sistemas que tan poderosamente condicionan al hombre físico: la corriente sanguínea, el sistema nervioso en sus diversas expresiones, y el sistema endocrino…

 

b. Una vibración corre a lo largo de los nadis. Los nadis son, como bien saben, la contraparte etérica de todo el sistema nervioso y subyacen en todo nervio del cuerpo físico. Son los agentes, por excelencia, de los impulsos directrices del alma, reaccionando a la actividad vibratoria que emana de la contraparte etérica del cerebro. Responden a la palabra directriz, reaccionan a la “atracción” del alma, y entonces se organizan para la abstracción.

 

c. La corriente sanguínea es afectada en forma oculta peculiar. Se dice que la “sangre es vida”; es cambiada interiormente como resultado de dos etapas previas, pero principalmente como resultado de una actividad, aún no descubierta por la ciencia moderna, de la cual es responsable el sistema glandular. Las glándulas, en respuesta al llamado de la muerte, inyectan en la corriente sanguínea una sustancia que a su vez afecta al corazón. Allí está anclado el hilo de vida; esta sustancia en la sangre es considerada como “productora de la muerte” y una de las causas básicas del estado de coma y de la pérdida de conciencia. Evoca una acción refleja en el cerebro. La medicina ortodoxa todavía pondrá en duda lo relativo a dicha sustancia y su efecto, pero su presencia será reconocida más tarde.

 

d. Se produce el temblor síquico cuyo efecto es aflojar o romper la conexión entre los nadis y el sistema nervioso; por ello el cuerpo etérico se desprenderá de su envoltura densa, aunque todavía interpenetre cada una de sus partes.

 

2. Se produce frecuentemente una pausa en este punto, de corta o larga duración. Esto es permitido a fin de que el proceso de aflojamiento se lleve a cabo lo más suavemente posible y sin dolor. Dicho aflojamiento de los nadis comienza en los ojos. Este proceso de desprendimiento a menudo se demuestra en el relajamiento y falta de temor que el moribundo demuestra a menudo; evidencia una condición de paz y la voluntad de irse, más la incapacidad de hacer un esfuerzo mental. Parecería como si el moribundo, conservando aún su conciencia, reuniera todos sus recursos para la abstracción final. En esta etapa, cuando el temor a la muerte se haya apartado una vez por todas de la mente racial, los amigos y parientes “celebrarán un festival” para el moribundo y se alegrarán con él porque abandona su cuerpo. Actualmente no es posible, pues prevalece la angustia, no siendo reconocida ni utilizada esta etapa, pero lo será algún día.

 

3. El cuerpo etérico organizado, desprendido de toda relación nerviosa, debido a la acción de los nadis, comienza a recogerse para la partida final. Se retira de las extremidades hacia la requerida “puerta de salida”, enfocándose en la zona alrededor de esa puerta, esperando el “tirón” final del alma directriz. 

 

Hasta aquí esto ha proseguido de acuerdo a la Ley de Atracción, la voluntad magnética y atractiva del alma. Ahora se hace sentir otro “tirón” o impulso atractivo. El cuerpo físico denso, la totalidad de los órganos, células y átomos, se van liberando constantemente de la potencia integradora del cuerpo vital mediante la acción de los nadis, y comienzan a responder al tirón atractivo de la materia misma. Esto se ha denominado la atracción de la ‘tierra” y es ejercida por esa misteriosa entidad que llamamos el “espíritu de la tierra”; tal entidad se halla en el arco involutivo y es para nuestro planeta lo que el elemental físico para el cuerpo físico del hombre. Esta fuerza de vida del plano físico es esencialmente la vida y la luz de la sustancia atómica, la materia con la cual están hechas todas las formas. La sustancia de todas las formas es devuelta a este depósito de vida involutiva y material. La restitución de la materia apropiada a la forma ocupada por el alma, durante un ciclo de vida, consiste en devolver a este “César”, del mundo involutivo, lo que le pertenece, mientras que el alma retorna al Dios que la envió.

 

Es evidente, por lo tanto, que en esta etapa se lleva a cabo un proceso dual de atracción:

 

a. El cuerpo vital se está preparando para irse. 

b. El cuerpo físico responde a la disolución.

 

Podría agregarse que hay también una tercera actividad, aquella en que el hombre consciente, retira su conciencia, constante y gradualmente, dentro de los vehículos astral y mental, como preparación para la total abstracción del cuerpo etérico en el momento apropiado. El hombre se va desapegando cada vez más del plano físico, retrotrayéndose en sí mismo. En el caso de una persona evolucionada este proceso se lleva a cabo conscientemente, y el hombre retendrá su interés vital y la percep- ción de sus relaciones con los demás, aunque vaya perdiendo su aferramiento a la existencia física. En la vejez este desapego puede observarse más fácilmente que en la muerte por enfermedad, y con frecuencia puede observarse que el alma o el hombre viviente interno, pierde su aferramiento sobre lo físico y, por lo tanto, sobre la realidad ilusoria.

 

4. Nuevamente se produce una pausa. En este punto el elemental físico puede a veces recobrar su aferramiento sobre el cuerpo etérico, si el alma lo considera deseable y si la muerte no es parte del plan interno, o si el elemental físico es tan poderoso que puede prolongar el proceso de la muerte. Esta vida elemental a veces libra una batalla que dura días y semanas. Sin embargo, cuando la muerte es inevitable, la pausa en este punto será excesivamente breve y a veces durará segundos. El elemental físico pierde su aferramiento y el cuerpo etérico espera el “tirón” final del alma, actuando de acuerdo a la Ley de Atracción.

 

5. El cuerpo etérico sale del cuerpo físico denso en etapas graduales y por un punto escogido de salida. Cuando ha terminado de salir, el cuerpo vital asume entonces los vagos contornos de la forma que energetizó, haciéndolo bajo la influencia de la forma mental que el hombre ha construido de sí mismo durante años. Esta forma mental existe en el caso de cada ser humano, y debe ser destruida antes que la segunda etapa de eliminación se haya completado… Aunque liberado de la prisión del cuerpo físico, el cuerpo etérico no está aún libre de su influencia. Existe todavía una pequeña relación entre ambos, la cual mantiene al hombre espiritual cerca del cuerpo recién abandonado. Debido a ello los clarividentes pretenden a menudo haber visto el cuerpo etérico flotando alrededor del lecho de muerte o del ataúd. Interpenetrando todavía al cuerpo etérico se hallan las energías integradas que llamamos cuerpo astral y vehículo mental, y en el centro existe un punto de luz que indica la presencia del alma.

 

6. El cuerpo etérico se dispersa gradualmente a medida que las energías que lo componen se reorganizan y retiran, dejando únicamente la sustancia pránica que se identifica con el vehículo etérico del planeta mismo. Estos procesos de dispersión, como dije anteriormente, son grandemente ayudados por la cremación. En el caso de una persona no evolucionada, el cuerpo etérico puede permanecer durante largo tiempo en la cercanía de su cascarón externo en desintegración, porque la atracción del alma no es potente y el aspecto material lo es. Cuando es una persona evolucionada y su pensamiento está desligado del plano físico, la disolución del cuerpo vital puede ser excesivamente rápida. Una vez que esto se ha realizado, el proceso de restitución ha concluido; el hombre está libre, temporalmente al menos, de toda reacción provocada por el tirón atractivo de la materia física; permanece en sus cuerpos sutiles preparado para el gran acto que he denominado “El Arte de la Eliminación”.

 

Al finalizar esta inadecuada explicación de la muerte del cuerpo físico, en sus dos aspectos, surge un pensamiento: la integridad del hombre interno. Permanece siendo él mismo. Queda intacto, sin trabas; es un agente libre en lo que concierne al plano físico, y ahora responde únicamente a tres factores predisponentes:

 

1. La cualidad de su equipo astral-emocional. 

2. La condición mental en la que habitualmente vive. 

3. La voz del alma, a menudo poco conocida, pero a veces muy conocida y amada.

 

 

La individualidad no se pierde, es la misma persona que se halla todavía en el planeta. Sólo ha desaparecido lo que fue parte integrante de la apariencia tangible de nuestro planeta. Lo que ha sido amado u odiado, lo que ha sido útil o inútil para la humanidad, quien ha servido a la raza o ha sido ineficaz, aún persiste…”