"Ojalá pueda ser yo un protector para los abandonados, un guía para los que caminan, una embarcación, una barca, un puente para quienes quieren pasar a la otra orilla…” Shantideva, sabio budista del siglo VII

 

“Sólo era un hasta luego…", pero estuvo en mi mesa, en mi ordenador, en mi mente, creo que también en mis sueños…, durante mucho tiempo. La culpa la tuvo el océano infinito. Él me invitó, más bien ordenó escribir este libro. Lo inicié al volante en la autopista de la costa con una grabadora en mi mano libre. Venía de enterrar a mi padre, cuando cerca de Santander divisé el Cantábrico y algo despertó en mi interior. A veces las órdenes vienen con sabor a salitre, no con aire de trompetas. Las olas que una y otra vez retornaban, me reconfortaron en la esperanza tras el luto. Gracias a Dios, en los modernos teléfonos tenemos también una grabadora, o lo que es lo mismo un confesor siempre operativo. Galicia estaba lejos y los secretos fueron muchos. Ahora todos los que conté al aparato, están en este libro.

 

He tratado de hacer asequible el mensaje de los Grandes Seres a propósito de la llamada muerte. El libro que me quise haber encontrado, es el que me he afanado en escribir. Pienso en el deber que tenemos para con las próximas generaciones, en el compromiso de hacerles más comprensible el misterio, en despejar el espejismo y los temores.

 

Me he dado por entero y aún y todo de seguro que es mejorable en diversos aspectos. Uno sólo puede entregar hasta lo que comprende y ello siempre es poco. Uno sólo puede compartir la llama que sostiene y ésta aún es tan tímida. Por lo demás, en algún momento había que poner el punto final. Han sido casi dos años de escritura, pero muchos más preparándolo. En realidad creo que me he estado toda la vida preparando para escribir "Sólo un hasta luego. A los que lamentan la muerte de un ser querido". Todos los libros anteriores desembocan en este libro.

 

Pueda tener recorrido si es merecedor, si en verdad es portador de seria y necesaria información, de anhelada buena nueva. Por los árboles que no planté, por la vida que no traje, he aporreado el teclado noche y día. Que su contenido pueda proegonar superiores valores y contribuyan a que seamos mejores personas; que el libro sirva para alumbrar otros pasos, que ayude a mis semejantes, que nos acerque siquiera un poquito más a la genuina felicidad, a la verdadera Vida en luz y fraternidad, es mi más profundo deseo.

 

Todo en este libro es prestado, sólo el impulso inicial podría llevar firma. Sólo el deseo de ayudar podría ser genuino. Esta invocación inicial que tanta fuerza interior me ha proporcionado, es también prestada y sin embargo deseo compartirla. Pueda ser algo nuestra a base de repetirla, a base de rumiarla nuestro corazón las veces que haga falta. La escribió el Lama Angarika Govinda (1898-1985), aventurero, escritor y poeta místico extraordinario:

 

“Tú que vives dentro de mi corazón…

¡Déjame ser semilla de tu luz viva!

Dame fuerza para reventar la coraza del egoísmo

y, tal como la semilla muere para renacer,

déjame cruzar sin miedo las puertas de la muerte

Para que pueda despertar a una vida más grande,

la vida que todo lo abraza de Tu amor,

el amor que todo lo abraza de Tu Sabiduría.”

 

El autor de “La senda de las nubes blancas” ha expresado de forma perfecta el deseo de este libro: poder atravesar en paz y serenidad el umbral de la tan temida muerte y por ende en vida física, despertar a una vida más grande, más pura, más comprometida y por lo tanto feliz.

 

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El libro está en estos momentos en manos de una editorial especializada en temas espirituales. En breve verá la luz.