Comenzar a estudiar el misterio de la llamada muerte, nos invita a adoptar una visión diferente de esta vida física, de este presente. Ahora podemos saber que el pasado se vuelca en este instante, que hubo en las esferas espirituales mucha proyección y planificación con nuestros Guías y Tutores para este paseo por la Tierra. El futuro también se volcaría en este instante, porque igualmente se nos revela que  podremos recapitular a fondo con esos seres celestiales de compasión infinita, esta encarnación física, analizando en lo que acertamos y en lo que erramos, cuando pudimos haber vertido sobre el mundo más amor y comprensión.

 

Con el estudio del misterio de la llamada muerte, ganamos en autonomía de camino y de vuelo. Se nos sugieren importantes claves de nuestro paso por la Tierra. Escrutar los misterios de la vida y su  engañoso ocaso nos ayuda a comprender que en realidad estamos de prestado, que se nos ha otorgado un cuerpo maravilloso, para hacer con él una “buena inversión”, es decir para entregarnos y servir cada día más y mejor a nuestros semejantes,  también a nuestros hermanos de los otros Reinos; para crecer en la comprensión del respeto a toda Vida, de agradecimiento supremo a Quien la sopla.

 

 

 Nunca se ha corrido tanto el velo del misterio de la muerte, nunca hemos por lo tanto estado en mejores condiciones para sacar el mejor partido a nuestras vidas.

 

 

 

La visión oculta de la llamada muerte está basada en la continuidad de la conciencia, en la no interrupción de la vida. Necesitamos innumerables encarnaciones para alcanzar la perfección. Estas letras no son alentadas por el deseo de convencer a nadie, avanzan más bien con la fuerza de un sincero y profundo agradecimiento. La luz entra sólo cuando la llamamos, la verdad no tiene de por sí ningún interés en autoinvitarse. No deseamos redactar nuevos catecismos. La conciencia de la “no muerte” y la vida eterna no urge de nuevos acólitos. A lo sumo, y dentro de nuestra muy limitada conciencia, aspiramos a aclarar qué es lo que no muere, lo que nunca desaparece. La transformación que no desaparición es lo que aguarda a las formas, pero nosotros no somos esas formas. ¿Qué es entonces lo que nosotros somos? ¿Somos nuestras emociones, nuestros pensamientos… o por el contrario quien está llamado a gobernarlos?

 

Dice la ciencia oculta que la tan manida muerte no existe, que en realidad constituye un acceso a los mundos sutiles. La vida sería una aventura ininterrumpida. El ciclo de vida en nuestra actual etapa humana no acabaría hasta la realización, hasta alcanzar la perfección, es decir nuestra condición de seres iluminados, ascendidos.... ¿Cómo llevar esta esperanza a un mundo más amplio, cómo hacerla fácilmente inteligible, comprensible a la ciudadanía interrogada por la trascendencia? He aquí el desafío de este libro.

 

El tema es inmenso y el ensayo que aquí ahora arranca inevitablemente insuficiente, parcial. Se ofrece a modo de síntesis, dejando necesariamente a un lado muy diferentes cuestiones vinculadas a la llamada muerte como puedan ser la enfermedad, el suicido, el aborto (este tema sí lo he abordado en mi anterior libro “Muda canción de cuna”), o cuestiones más metafísicas también intrínsecamente relacionadas como pueda ser el mundo dévico, la Jerarquía de Luz, los Maestros de Luz y Sabiduría, el Ángel Solar… Había que ceñirse al objetivo de libro-bálsamo, libro escueto y sencillo para contribuir a disipar el generalizado temor a la muerte.

 

Por lo demás, ningún pudor a reconocer, que si bien hay detrás del libro un dilatado estudio, la síntesis ha sido realizada en base a la muy limitada capacidad de comprensión de quien suscribe estas líneas. Ojalá el libro, a pesar de esa torpeza interpretativa, puede ser útil con su lenguaje asequible. Presento el libro resumen que hubiera querido llegara a mis manos para poder proyectar luz sobre este misterio fundamental. Cuando mi propia comprensión del itinerario del alma se me escapaba, no he dudado en acercarme a fuentes cualificadas, transcribiendo de forma literal la información requerida. Mi más profundo agradecimiento desde aquí a los autores, guías, Maestros e Iniciados que han contribuido a disipar ante la humanidad el espejismo de la muerte y que por lo tanto han servido para nutrir este libro. Mi agradecimiento en especial a Valentín García López, de “World Teacher Trust”, que con tanta amabilidad ha tenido a bien ayudarme a disipar las dudas que he abrigado sobre cuestiones tan abstractas como la vida en los mundos espirituales superiores. Mi agradecimiento igualmente a Joaquín Tamames que con tanta paciencia y entrega me ha ayudado a mejorar la redacción del libro.