Triguerinho nos añade algún detalle al respecto de este beneficio concreto de la cremación: “En cuanto al cuerpo emocional, que es relativamente más durable y que permanece en funcionamiento incluso hasta durante años después de la ‘muerte’, también él se beneficia con la cremación, pues así el cuerpo físico deja de atraer su deseo de descender otra vez a la vibración terrestre. El fuego repele la tendencia a crear formas, impidiéndole al cuerpo emocional (o cuerpo de deseos) que las construya. De esa manera, el Yo Superior que desencarnó puede seguir su trayectoria, habiendo quedado atrás las atracciones, neutralizadas por la desintegración de las formas.”

 

Para el Maestro Tibetano es “algo afortunado y feliz que la cremación se vaya imponiendo. Dentro de poco tiempo la tarea de sepultar a los muertos en la tierra será contraria a la ley, y la cremación obligatoria una medida saludable y sanitaria. Desaparecerán eventualmente esos lugares psíquicos e insalubres llamados cementerios, así como la adoración a los antepasados”.

 

Más rápido se destruye el vehículo físico humano, con más rapidez se rompería también el eventual aferramiento del alma al mismo. La cremación habría que ejecutarla tan pronto se certifica que queda una chispa de vida en el cuerpo físico. No sería precio aguardar hasta las 72 horas, tal como prescriben algunas escuelas esotérica como la Rosacruz. La verdadera muerte acontecería cuando el hilo de la conciencia y el hilo de la vida han sido retirados totalmente de la cabeza y del corazón y por lo tanto no sería preciso aguardar más.

 

A diferencia de lo que aboga Max Heindell en su libro “Concepto rosacruz del cosmos”, para el Maestro Tibetano: “No existe una necesidad etérica para esta demora. Cuando el hombre interno se retira de su vehículo físico, lo hace simultáneamente del cuerpo etérico. Es cierto que el cuerpo etérico puede deambular por un largo período en el ‘campo de emanación’, cuando el cuerpo físico es enterrado, y frecuentemente persistirá hasta la total desintegración del cuerpo denso. El proceso de momificación, tal como se practicó en Egipto, y el embalsamamiento, tal como se practica en Occidente, han sido responsables de la perpetuación del cuerpo etérico, a veces durante siglos.”

 

Así de tajante se manifiesta el Maestro Tibetano con respecto a la cremación: “Donde se practica la cremación no sólo se logra la inmediata destrucción del cuerpo físico y su restitución a la fuente de sustancia, sino que el cuerpo vital también rápidamente se disuelve y sus fuerzas son arrastradas por la corriente ígnea al depósito de energías vitales.”

 

Todos los guías y Maestros espirituales de todas las escuelas argumentan a favor de la cremación. A los argumentos ya señalados podríamos añadir otros dos:

 

·      Históricamente la quema del cuerpo, una vez sobrevenida la llamada muerte, ha sido una medida profiláctica que se ha adoptado para impedir la propagación de las enfermedades.

·      Como veremos más adelante, hay todo un mundo paralelo, el mundo angélico que es el encargado de construir y mantener todas las formas, incluidas las de nuestros diferentes cuerpos. Nuestro cuerpo físico está al cargo de una entidad angélica que adopta muy variados nombres en función de cada tradición o escuela espiritual. Lo veremos a menudo mencionado como “ángel custodio”, “deva del cuerpo” o “elemental físico”. Esta entidad angélica tiene a su cargo toda una legión de ínfimos elementales para llevar adelante su tarea, primero de construcción y luego de custodia se un cuerpo. Su dedicación y entrega son incondicionales y nunca abandonará un cuerpo hasta que no lo vea totalmente destruido y “comido” por el tiempo y los gusanos. Quemar el cuerpo vacío de alma es un gran servicio que podemos prestar a esa entidad angélica, pues de esa forma le estamos liberando de esa atadura y le estamos permitiendo que vaya a asumir la construcción y custodia de otro cuerpo físico.